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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Menuda carrrera

Y marzo ha llegado. Y lo ha hecho, como es habitual, con ese frío cortante y correoso que ya no se espera. Marzo siempre sorprende, piensa Lipo, mientras corre, como un zombi buscando comida, bajo la lluvia. A veces se pregunta Lipo qué le empuja a irse hasta el campo y lanzarse a trotar. Nunca encuentra respuesta.  La única que halla es que, ha de hacerlo mientras tenga que seguir trabajando. Creo que Lipo intuye que si no lo hace, se vendría abajo, como una torre de naipes, y se convertiría, inexorablemente, en un cándido viejo barrigón con una sonrisa estúpida en los labios, propia de las personas que no se han enterado de nada en toda una vida. 
Sigue corriendo Lipo. No hay nadie en el camino, lo cual acrecienta su sensación de cierta enajenación, mezclada un poquito con la obsesión. Una obsesión tardía, ¿no? Razona Lipo. 
Los coches circulan rápido por la carretera estrecha que transcurre paralela al camino. Más que los motores, se escucha ese siseo de los neumáticos rodando sobre el agua y la estela que van levantando. 
Para Lipo para respirar. Silencio. El campo calla, a pesar de que el verde estalla, solamente el ruido del impacto de algunas gotas estrellándose contra las ramas o contra su propio atuendo. Mira Lipo el suelo está blando, la hierba y los hierbajos nacen con rabia en los márgenes del camino, hay charcos, y los millones de piedrecitas calizas diminutas que cubren la senda están brillantes.  Nadie está en el campo, nadie lo admira, la tierra está sola, tan plácida, tumbada sobre su corteza, bocarriba, mirando siempre los cielos, hoy con nubarrones grises, de pesadas barrigas y largas barbas sin cuidar. Retoma Lipo su agónica carrera, ahora sintiéndose privilegiado de estar allí, aunque sea sufriendo. Y piensa Lipo , porque recibe mensajes y correos, en el “yo” de la gente, en la necesidad de sentirse importante para los demás, admirado, envidiado, aunque la mayoría de las veces ese reconocimiento no es más de una forma de envidia, y concluye Lipo que ese afán únicamente responde a un desconocimiento absoluto sobre sí mismo. A casa, y en ella, hace ya dos años, Lipo recuerda que por estas mismas fechas, Venus y Júpiter lucieron en el firmamento. Dos años ya, una barbaridad la velocidad del tiempo, piensa Lipo. 

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