Historias de todos los días
5 Marzo 2025
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A Lipo le gusta leerse. Me refiero a que le gusta leer lo que escribía hace tiempo. Hoy lo ha hecho y como tiene la costumbre de fechar todos sus escritos puede comparar sus palabras, de prácticamente el mismo día, de hace uno, dos o tres o cuatro o hasta más años atrás.
Es un ejercicio que le resulta curioso y sorprendente. Lipo descubre que lleva mucho tiempo con iguales pensamientos y obsesiones. Resopla Lipo, Ufff, ya aburres tío, se dice a sí mismo. Y también se da cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, de cómo sucesos que él recuerda acaecidos, por ejemplo, la primavera pasada, sucedieron hace ya tres o cuatro de estas estaciones. Cuando esto constata se queda asombrado de lo veloz que viaja el tiempo y sobre todo se pregunta que cojones ha debido de hacer en los tres o cuatro años que separa el hecho leído con el día de hoy para tener esa sensación de que sólo ha transcurrido un tercio o un cuarto del tiempo que realmente ha consumido. ¿Le seguís, no?
Y como es así de dramático, escribe ahora: Tres o cuatro años comprimidos en una cápsula de vacío frio, un espacio estanco, negro, sin referencias para los sentidos y, por lo tanto, me mareo, pierdo el equilibrio. Quizás me quedé dormido, quizás tuve un sueño tan profundo y abisal que ni siquiera hubo en él ensoñaciones o pesadillas, sólo una machacante rutina, con ese sonido de mecanismo viejo y ya aburrido de oír su eterno y chirriante movimiento cíclico.
El viejo Lipo, que se queja de ser viejo y que dentro de una década dirá: Ojalá fuera ahora el viejo de hace diez años. Todo es relativo, pero no el tiempo, que es fugaz, y cuanto se queja de ello Lipo del miedo que tiene a morir, pero cómo añora esos otros tiempos en los que el tiempo lleno de gozo se hacia tan corto. Y claro, piensa si ahora no serán los mismos.