Historias de todos los días
26 Noviembre 2025
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Las piedras, las pequeñas, los chinarros, los guijarros.
Se agrupan de cuatro en cuatro, a veces, también de cinco en cinco.
Sí, sí, a ti te puede parecer que están ahí, tiradas en el suelo ,de manera aleatoria, fruto del más caótico azar, pero no, hay un patrón y es claramente perceptible.
Si te fijas en ellas, igual es que normalmente no lo haces, te parecerán muy diferentes. Pero obsérvalas, empieza a agruparlas de cuatro en cuatro o de cinco en cinco , y encontrarás claramente similitudes y empatías entre ellas, descubrirás el patrón. No han de ser similares en tamaño y forma, tampoco en color o tono, simplemente se ajuntan y cohabitan formando figuras geométricas básicas.
Las piedras y piedrecitas, quizás los seres del universo que nos rodea que más inanimados nos pueden parecer, sin embargo, se agrupan en unidades familiares y llevan ahí, juntas, separadas solamente por centímetros, decenas de años, siglos, en algunas ocasiones. Es difícil determinar su edad y su procedencia.
También es difícil de discernir el parentesco entre ellas, pero, a pesar del todo, asegúrate de no separarlas, si lo haces sufren. En otras palabras, si te quieres llevar una, identifica antes al resto de familiares y llévatelos a todos. De lo contrario, el campo y los caminos se llenarán de piedras y guijarros tristes, de miembros desgarrados por haber perdido a sus seres queridos. A diferencia de ti, quizás no vuelvan a verse en miles de años, quizás en miles de millones, y únicamente si tienen suerte y una explosión cósmica las vuelve a reunir sobre la superficie de un lejano planeta.
Cuando una te atraiga y quieras llevarla contigo para protegerla de las inclemencias meteorológicas, identifica a las tres o cuatro que conforman su núcleo familiar. Darías con él, no te equivocarás, pues notarás que el grupito te sonríe y se delinea de forma especial sobre el suelo.
Hazlo así, es bonito conseguir equilibrio a nuestro alrededor, mucho más crear la felicidad.
Esto piensa Lipo, quieto, de pie, barrido por el viento, con su cabeza gacha y oyendo nada a su alrededor. Y piensa Lipo si alguien que ahora pasara a su lado podría llegar a acertar lo que él está pensando.
Acaba noviembre, no se acuerda Lipo de cómo fue el del año pasado, no tiene referencias. Si, recuerda el frío, y se da cuenta de que cada otoño le teme más. Está triste Lipo, como una piedra solitaria que ha perdido a sus congéneres.