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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Súbete al pescante

Antes era un poco de depresión, ahora se ha transformado en tristeza. Me refiero a los arranques de curso después de las vacaciones. Este año, bueno como los últimos, apenas he podido desactivarme. Eliminemos el apenas. Nadie tiene la culpa. No soy un fanático ni un adicto al trabajo, es, meramente, el trabajo y en lo qué se ha transformado. En pocos palabras, antes me dedicaba a escribir dramas y tragedias, algún libreto de popera también y llegué a estrenar una obra de teatro y ahora, poco a poco, me dedico a hacer guiones para dibujos animados muy malos. 

Mi actividad, que podría ser calificado como la de un calificar profesional liberal, ha mutado. Lo de liberal pasó a la historia, quizás podríamos hablar de profesional bestial o profesional esclavo. O estás o no estás, y cómo poco a poco el mundo me ha empujado a los escalafones base de la cadena alimentaria y no sé en qué parte de la trófica estoy, he de salvaguardar mi vida en este habitat en el que respiro, de ahí que estoy mío sea una especie de carrera infinita hasta el agotamiento. En un momento determinado caes fulminado en la ladera de una duna y nadie va a recogerte, simplemente te engulle el aire y la arena, tanto, que otros corredores te pisan al correr en su carrera hacia su infinito, tan absurdo como el mío. 

De todas formas, y si de algo puedo presumir, es de tener una profesión que en pocos años se extinguirá. Su transformación es tal que su raíz ha desaparecido o está a punto de hacerlo podrida por ingentes cantidades de vulgaridad, de obviedad, de personalismos, de payasos, mequetrefes, mediocres, insulsos, petimetres, orgullosos, ansiosos; en definitiva, de esta sociedad nuestra que no sé muy bien hacia dónde va. Bueno, que estupidez de información, hacia la extinción irremediable. 

Dejémonos ya de quejarnos y toma ya las riendas, me dice esa voz que siempre aparece en los momentos difíciles. Deja de jugar a pintor, escritor. Deja de intentar ser un artista, que no lo eres, y asume quién eres. Domina a tu personaje, moldéalo, saca el mejor partido de él. Se brillante coño y el resto déjalo para la siguiente vida. 

¿Qué vida? Le pregunto a mi voz, ¿Qué otra vida? ¿De verdad crees que hay otra u otras vidas? Tu estás flipada voz. Somos un puto accidente biológico que empieza a deteriorarse desde el primer minuto de vida y con un final tan repleto de ilógica y misterio que nos hace creer que nunca llegará. Es tan oscuro, tan negro ese final, que lo obviamos, básicamente porque no sabemos su fecha. Ello nos lleva a creer en nuestra inmortalidad, tanto que vemos la muerte de los demás como un accidente ajeno en el que no nos reconocemos. No, no, nos decimos, eso jamás me ocurrirá a mí. 

En todo caso, le digo a mi voz, llevas razón que me he perdido. Lo he hecho al entrar en esta nueva etapa que me toca afrontar, la penúltima, si no la última. Creo que lo he hecho por una puerta equivocada y he dado a un pasillo en el que no reconozco mi número de habitación. No encuentro los ascensores y no dispongo de un plano del lugar. Ni siquiera sé en qué planta estoy y, lo peor de todo, no hay nadie a quién preguntar. Porque sí, voz, siempre hay alguien a tu lado, y gente maravillosa en mi caso, de eso no me voy a quejar, pero estos procesos son tan íntimos y personales. 

Precisamente por eso, me dice la voz, céntrate, súbete all pescante y sin usar all látigo, no es tu estilo, sigue el camino, por mucho indeseable que encuentres en él. Así que aquí sigo, con un capote de cuero cubriéndome hasta los pies, oyendo los cascos de los famélicos caballos golpear las piedras del camino y avanzando por la senda envuelta en niebla sin saber muy bien el destino. 

Y en medio de todo esto, esta mañana, a las siete menos veinte, mientras cepillaba mis dientes, un sonido corto, sordo, apagado, contundente. Una detonación lejana, pero definitiva, una vibración apenas perceptible acompañando al impacto. Mi vieja casa se derrumba, me he dicho, y he salido en la oscuridad buscando el techo hundido o la pared derruida , pero nada de ello he encontrado, así que me he ido a la hipótesis bélica hasta que las luces del amanecer me han mostrado todo un tabique de los que limitan mi reino, desaparecido. Pero esto es ya otra historia. 


 

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