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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Desgaste

Noche de Reyes. Han pasado tantos años que Lipo no recuerda si alguna vez creyó en ellos, en los Reyes Magos. Piensa que cuando habla con alguien en torno al medio siglo de vida, esa persona tiene una conciencia clara de esos momentos nerviosos de la noche de Reyes Magos, de su creencia absoluta en el fenómeno imposible, pero real para un niño, de que en una sola noche tres tipos y sus ayudantes fueran capaces de colarse en cientos de millones de hogares para dejar regalos a millones de personas y sin confundirse, claro. 

Pero Lipo, que ya ha pasado hace una década larga el medio siglo, no recuerda en absoluto si alguna vez creyó o no en este hecho. Y por más que rebusca en su cerebro, no logra extraer de él ni una sola imagen que lo desmienta o evidencie. Es como si al Matusalén viejo le preguntarán al final de sus días si era creyente o no y el pobre hombre no fuera capaz de recordar si lo es o si lo ha sido alguna vez. 

Supone Lipo que el cerebro, pasados los años, no es que se desgaste, sino que está a otras cosas. Supone Lipo que si te encaminas hacia el final de este tránsito, tu lógica y tu racionalidad ya estén dando brazadas hacia el nuevo que has de cruzar y que, por lo tanto, ésta realidad sea de un valor más relativo frente a la nueva, ya que has de irla conociendo y saber como moverte en ella y cuál será tu rol. 

Si Lipo fuera miedoso se pondría como un loco a tratar de recordar si en algún momento fue creyente de los Reyes Magos ¿me pilláis? Pero Lipo anda tranquilo. Realiza sus rutinas en silencio, como si se tratara de un viejo preso que ha olvidado su vida antes y fuera de esos muros. Y en cierto modo es reconfortante, pues puede que sea la etapa más tranquila y también la más sorprendente de este penúltimo o último tráfago. 

Pero Lipo, que es un tipo, yo no diría que listo, quizás preferiría decir que superviviente, comienza a pensar que él tiene buena memoria. Por lo tanto, razona, no habría que descartar que quizás fueran sus padres quienes no creyeran en los Reyes Magos. Y también piensa que es una suerte si a estas alturas de la vida te cruzas con una Maga. 

Tampoco hoy ha habido madrugada sosegada. Hoy Lipo viajaba en avión a un destino, puede que fuera en Alemania. Lipo iba acompañado de dos mujeres con las que aparece en una foto que hace unos días una de ellas le remitió. Lipo pilota el avión, pero no desde una cabina, sino desde la primera fila de unos asientos que podrían ser de un autocar. Lipo ha de aterrizar porque algo no va bien. Aterriza prácticamente sin poder ver la pista, pues aquel avión-autocar tiene las grandes pantallas para protegerse del sol de los conductores de estos vehículos prácticamente bajadas en su totalidad. Pero ¿que va mal? Lipo va con esas dos mujeres a ese país a entregar una placa conmemorativa, una especie de gran plato de metal, como un trofeo de finalista de tenis, pero ese plato ha de llevar una inscripción y parece ser que no está grabada. Y Lipo está hablando con el grabador, que se escuda en excusas y decenas de líos. Lipo pierde la paciencia. Lipo que traza lineas rectas con un cartabón no entiende a ese colega extraño y de mente complicada y ya han dejado de prestarle atención, pues en su cabeza, la que nos recuerda fuera del sueño si alguna vez creyó en los Reyes Magos, ya han hallado la solución y ahora se concentra en decidir cómo coño va a sacar el avión de una especie de aparcamiento en el que cree que ha aterrizado. 
 

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