Historias de todos los días
7 Enero 2025
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La noche de Lipo ha sido horrenda. Y esta vez no se ha ceñido únicamente a la madrugada. La inquietud ha estado presente desde que apagó la luz, tras llegar a la última página de la novela que estaba leyendo. A la izquierda, a la derecha, boca arriba. No había forma de que Lipo sintiera el atontamiento previo al sueño en ninguna de esas posturas. Sin embargo, en algún momento debió de ocurrir porque dormir, durmió, pero sin sosiego y con la sensación de que la cama no quería envolverle, sino expulsarle al negro desasosiego.
Lipo se reintegra al mundo tras unos días de tranquilidad, los de la Navidad. Y por la mañana, en el coche, camino a la jungla, descubre que ella, la Navidad , ya no existe, que se extinguió durante la noche y que los grandes tontos que deciden delante de su alcachofa qué es y que constituye la actualidad, ya han vuelto a lo fácil y a lo sencillo y ahora las dietas para perder los kilos ganados durante las comilonas de las fiestas y las putas rebajas, son el no va más de estar a la última, informativamente hablando.
Lipo, entre anoche y hoy a media mañana ha escuchado muchas cosas, pero tres le han llamado la atención. La primera, que un un niño de seis años haya fallecido tras sufrir un accidente mientras conducía una minimoto de competición. ¿Una qué? Una minimoto de competición. Unos padres, auténticos descerebrados, que querían que su hijo, por cojones, fuera campeón del mundo a los doce años. Habría que encerrarlos, piensa Lipo, y al fabricante que produce esas minimotos, también.
Lipo va a la piscina. Nada aburrido y sin poder oír música 1.325 metros. Se ducha y cuando esta volviendo al trabajo escucha que una una mujer ha sido detenida por retener y abusar sexualmente de un hombre al que tenía encerrado en su casa y al que no estaba dispuesta a dejar marchar hasta que no se la follara. El hombre, al que conoció en una red de citas, salió. Jaja, se ríe Lipo, el mundo al revés, dice en voz alta. La tipa tenía amedrentado al individuo, tanto, que en una sola mañana le había hecho llegar más de setenta mensajes amenazantes. Y por último, un hombre de 35 años estaba trabajando cerca de una pila de compost orgánico de considerable altura que acabó derrumbándose y he aquí, que el hombre murió sepultado por el estiércol. ¡Coño! Exclama Lipo. Que sinsentido, piensa, y también que cómo no va a existir la filosofía.
Lipo, que está solo estos días, se siente algo cohibido y sólo tiene ganas de volver a casa, dar alguna chuche a sus gatos callejeros y no escuchar lo que ocurre en este estúpido mundo. Pero no podrá volver hasta tarde porque él forma parte de la cadena del disparate, quizás por eso tiene tantas ganas de salir de él.