Historias de todos los días
8 Enero 2025
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Lipo hoy ha comido solo. Se ha sentado siendo pequeño, sin hacer ruido, recatado, procurando pasar desapercibido, en una minúscula mesa en medio de la sala. No le gusta estar allí, en el centro, a merced de los pasillos y de las gentes que van y vienen por ellos, trayendo el frío o llevándose el calor. Pero estando solo era la única opción. Y Lipo piensa que hoy piensa igual que ayer.
Horas después está escribiendo. Y lo hace ahora mismo, mientras escribo que él está escribiendo. Y lo hace mientras LWG está muy lejos sin siquiera haberse movido. Y razona Lipo que está sentado porque así lo siente su cuerpo. Y razona que así lo siente porque es lo que dicta su cerebro, y que su cerebro se nutre de la realidad que le rodea aquí y ahora, la misma que también alimenta a su consciencia. Y piensa Lipo que todo este proceso ocurre mientras espera que LWG vuelva de la suya, que le es absolutamente desconocida. Y piensa Lipo en el caminar, en la proyección espacial de esos dos planos ahora mismo, en este mismo instante, el de LWG y el suyo. No es capaz de visualizarlos, de determinar si son paralelos, tangenciales o entidades bidimensionales en un entorno tridimensional en el que nunca llegarán a cruzarse.
Vaya usted a saber, se dice dice Lipo a si mismo y, por lo tanto, claro que existe la filosofía, tal como pensaba ayer. Y ahora se pregunta que cuál de las dos planos es el más real. Y Lipo también piensa en qué y cómo será cuando LWG lea estas estúpidas líneas ya habiendo vuelto de ese sitio al que fue sin moverse. Lipo cavila sobre si LWG reflexionará sobre el hecho de que estas frases fueron creadas en una realidad que en ese momento no era la suya y en el agujero insalvable de esa distancia infinita, durase milisegundos, horas o siglos.
Qué lío, piensa Lipo, que estupidez. Y cree que sólo es miedo porque en realidad, lo único que él quiere es que LWG despierte y que su sonrisa salve ese vacío.