Historias de todos los días
28 Enero 2025
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Como le cuesta escribir a Lipo. Lo hace porque lo prometió, pero como le ocurre todos los años, mantener un mínimo ritmo de regularidad va a ser costoso. Lipo sigue con sus apagones de luz cuando llueve y el electricista, que dice haber engordado 20 kilos desde la pandemia, tampoco es que le haya proporcionado una solución clara. Lipo tiene un cortocircuito y el chispas lo ha de localizar y arreglar. Ha prometido en volver y ayer Lipo le envió un mensaje y la respuesta fue que está liado, que a ver la semana próxima, veremos. Mientras llega ese momento, Lipo, cuando regresa a casa los días de lluvia, ya sabe que el otero estará a oscuras y que las sombras de los gatos danzarán a su alrededor mientras a tientas introduce la llave en la cerradura para levantar el interruptor del diferencial.
Unos científicos atómicos han ajustado un reloj que Lipo desconocía y que se llama el 'Reloj del Juicio Final'. Según dicen estos colegas, el mundo está ahora mismo a ochenta y nueve segundos para adentrarse en la medianoche. Parece ser que es la mayor proximidad a una catástrofe global en los 78 años de historia de este dichoso reloj. Según ha leído Lipo, este breve lapsus de tiempo de vida sobre el planeta se debe a factores como la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio o el incremento de los arsenales nucleares.
Lipo no sabe qué tiene en la cabeza. Últimamente, no para de percibir una especie de visión en la que algo similar a una sustancia rugosa, no para de multiplicarse, de desarrollarse, de nacer de sí misma de forma desordenada y alocada. No sabe qué es aquello, no sabe que significa y tampoco sabe cuándo parará.
Lipo también se repite que basta ya de relojes y de medianoches sin retorno, que ya está bien de flirtear con la muerte, que es frívolo y muy peligroso intentar tirarse el rollo con ella, como si fuera un personaje misterioso en la barra de un club de jazz cargado de humo y con una luz muy tenue. Piensa Lipo que ya llegará, en las razones que nos llevan a parecer tener prisa en encontrarnos con ella, en que cuando lo hagamos, será tan definitiva con nosotros, que nos dejará a todos sin palabras, sin capacidad de réplica ni razonamiento, y será para siempre.
Así piensa Lipo, en silencio, a pesar de protestar por el tráfico, mientras va en el coche con LWG después del trabajo. Protesta porque va algo nervioso, aunque supone que LWG debe de sentir ese nerviosismo más profundamente, pues le van a contar algo sobre quién es un huésped inesperado. Por eso, minutos más tarde, cuando resulta identificado y comprueban que no tiene antecedentes y una vez interrogado parece no tener malas intenciones, y que basta con dejarle tranquilo y no azuzarle con un palito largo en el costado, Lipo respira e incluso, espontáneamente, parecer haber sonreído y se dice que mejor dejar de pensar en lo que pasará. LWG, mañana será otro día.