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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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La pila

Puede ser que cada año Lipo escriba menos. Puede ser también que, sin embargo, cada año se proponga escribir más que el anterior. Entonces ¿qué le ocurre a Lipo? 

Lipo sigue corriendo.  Han pasado seis años, quizás siete, desde que un día, sin más, se lanzara a dar las primeras zancadas y se impusiera, sin darse cuenta, un sacrificio que detesta en el fondo. Desde que comenzó a hacerlo, creo que Lipo podría contar con los dedos de las manos aquellas carreras que realmente le apetecieran y tuviera ganas de ellas. Pero este es otro asunto. 

Lo del correr viene porque desde hace unos meses Lipo siente que su pila se agota en sus carreras. A Lipo, ahora, llegado a cierto kilometraje, el cuerpo se le viene abajo. No es cuestión  de correr con menos o más ganas, de acarrear con más o menos kilos, de un error de estrategia, simplemente, traspasado ese umbral de distancia, el organismo de Lipo parece desintegrarse al mismo tiempo que un dolor duro se apodera de sus piernas. Lipo para, respira, mira a su alrededor, escucha la naturaleza, resopla, apoya sus manos sobre sus rodillas e inicia de nuevo la carrera. Sin embargo, al pasar ese umbral del que antes he hablado, al poco tiempo de volver a arrancar ha de volver a parar, y así hasta que llega a la meta de siempre. 

Y esto viene al caso porque lleva Lipo pensando hace ya unos meses, quizás desde que dejara de fumar, que la pila que nos incrustan al nacer se agota. Después de todo, ¿no somos parte de ese Universo tan negro que nos rodea? ¿Acaso no muere todo él poco a poco demostrando así que no existe así energía infinita? Salvo, claro está, que exista Dios.

Quizás todo esto, esa pila que se va agotando, esté detrás de los cada vez menos escritos de Lipo. Y de ahí la divagación sobre las carreras. Pues la pila ha de dar energía a todo un complejo sistema compuesto por distintas partes, unas mas importantes que otras sí, pero todas dependientes unas de otras, y el cerebro, ya sabemos que chupa mucha energía. Y Lipo siente, desde que dejó de fumar, que va a llegar más o menos justito al final de su vida profesional, la que más cerebro exige, al menos aparentemente. 

Nota Lipo ya cierto abotargamiento de ideas, y cuando no, cierta indiferencia hacia los que ocurre a su alrededor, quizás porque tantas veces han ocurrido las mismas cosas o al menos en las mismas circunstancias, que ya sabe hasta dónde llegan y de qué manera. 

Así que Lipo esta jodido porque ha dejado de fumar con la renuncia a ese inmenso placer que conlleva, en un momento ya de la vida en el que apenas queda margen para beneficiarse de la eliminación de tan dañino hábito. No por eso va Lipo a volver al vicio, aunque a veces pasa por su cabeza hacerlo, pero es tan lejano ese pensamiento que es en realidad como un mero rumor de tormenta que sabes que se aleja. Sin embargo, y dado que LIpo no va a ir a bailes de salón, ni tampoco va a usar blazers azules con botones dorados y pañuelo al cuello para vivir esa mierda de edad dorada, si se pregunta a veces ¿para que cojones he dejado de fumar? 

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