Historias de todos los días
4 Enero 2026
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Sabe bien Lipo que todos tendemos a justificar nuestros hechos. Realmente somos poco críticos con lo que hacemos y decimos y es humano tratar de argumentar a nuestro favor nuestros hechos y palabras y más aún si son consecuencia del ataque de un tercero.
Lipo sube este año a un nuevo escenario en el que deberá representar una nueva función, quizás la última de su vida. Nuevo personaje, nuevo guion, y no será una representación breve, ojalá así sea, sino que lo normal es que esté bastantes años en cartel, aunque nunca se sabe.
Lipo se jubila, quizás antes de lo que a él le hubiera gustado, pero los acontecimientos que ocurren a su alrededor y los personajes que emergen y que los provocan, no es que le produzcan cansancio, sino más bien un hondo aburrimiento. A Lipo le aburre el aburrimiento, detesta el fracaso, el estancamiento y las ideas y hechos que son sólo fugaces fuegos artificiales. Lipo se va de esta feria hastiado de música pachanguera y del olor a churros fritos con aceite de mala calidad.
Lipo se va y él creía que nunca iba a llegar ese día, de la misma manera que le han parecido que no iban a llegar los lunes, muchos fines de semana largos en los que se nos antoja ese día lejano y remoto, casi inexistente. Pero llega mucho más rápido de lo que lo podíamos ni siquiera intuir.
Lipo, no exageremos, no es que esté aterrado con la nueva situación, pero sí le crea desasosiego y ansiedad. No se imagina a sí mismo, no sabe muy bien cómo enfocar esta nueva etapa, ni tampoco con qué espíritu.
Lipo no se recuerda nunca ocioso. No recuerda etapas de tiempo libre, tampoco tiene la sensación de haber sido muy dueño de su tiempo, siempre había un límite partir del cual perdía su control. Aun así, también hay que decir que él no tiene sensación de haberlo perdido o, lo que sería aún peor, haberlo malgastado.
Lipo no ha tenido una mala vida profesional. Cree que siempre ha disfrutado de ella, pero como suele también ocurrir, siempre pensamos que podría haber sido mejor, o incluso mucho mejor, y a Lipo le ocurre igual. Sin embargo, ha sido la que ha sido, y ha sido tan breve, piensa él. Décadas de años de esfuerzo reducidas a un simple pensamiento, a una especie de píldora que se traga y pierde su forma y su textura. Lo que más lamenta, opina Lipo, y cree que es una sensación que irá a más, es no haber dejado nada que le sobrepase, algo que sea más perdurable que él mismo, y lo lamenta, no por anhelar elogios y reconocimientos, sino por la propia satisfacción que ello le produciría. Cree él que, de haber sido así, todo estaría mucho más ordenado en su cabeza porque, a fin de cuentas, que queda después de tantas acciones, de tantas idas y venidas, de tantas palabras tan ajenas.
Piensa Lipo que se inicia una nueva era, y le gustaría que fuera diferente a la anterior, a todas las anteriores, y piensa, piensa, qué puede hacer para que así sea.