Historias de todos los días
2 Enero 2026
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Bueno,
¿Qué cómo ha comenzado Lipo el año? Mirad. Intentando pelar una de esas frutas tropicales, concretamente un mango, Lipo se ha cortado en dos dedos, concretamente, el dedo índice y el dedo medio. En un primer momento no se lo podía creer y se ha cagado en todo, pero luego ha sonreído, No han sido cortes profundos, sino más bien pinchazos resbalados, de esos resabiados que dejan escozor y abundante sangre durante toda la tarde y que exigen llevar los dedos envueltos en un papel de cocina para no ir pringándolo todo. Lipo piensa en eso, y en que si no lo hace, su casa puede parecer la de un asesino en serie, repleta de rastros del oscuro elemento.
Sí, ya ha acabado 2025. Sí, Lipo ya ha asistido a la cena de Nochebuena y a la comida de la Navidad, así como a la cena de la Nochevieja a casa de su sobrina, que es el lugar elegido por su familia para reunirse a celebrar la Navidad este año. Y Lo hacen allí porque su sobrina acaba de parir, bueno, parió el pasado mes de noviembre, pero el crío, como buen renacuajo, exige no poder moverse de la charca a los progenitores. Así, que las celebraciones, como suele ocurrir en estos casos, sólo han tenido un protagonista, el nuevo elemento de la familia, sus apretones, sus eructos, sus caquitas, esa sonrisa, ese puchero, ese ”ya va enfocando y reconociendo” y esos berridos con los que se manifiestan las criaturas. Todo lo demás y todos los demás han pasado a un segundo plano, aunque tampoco es que anteriormente al natalicio hubiera mucho más que contar o escuchar. Como Lipo dice en muchas ocasiones, mi familia es de esas en las que nunca ocurre nada imprevisible.
Lipo avanza y sigue cumpliendo años de manera inexorable, y no consigue atrapar a su familia, no consigue integrarse en ella ni, obviamente, reconocerse . Durante las cenas y las comidas de este año piensa si el día que su madre fallezca, si es que ese hecho lo llega a conocer, seguirá celebrando las Navidades con su familia, que se reduce, a fin de cuentas, a su hermana. Y se lo pregunta porque también la siente lejos y ajena. Entonces, piensa Lipo, si no será él el que esté lejano, el que haya ido apartándose y hundiéndose incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos y a sus valores. Por otro lado, también piensa si no habrá de esperar para recuperar a su hermana, a que su marido, diez años mayor que ella y que comienza a sufrir las primeras limitaciones físicas definitivas, abandone este maravilloso mundo nuestro y vague anímicamente hacia nuevos universos.
En todo caso, creeros si os digo que a Lipo le gustan las Navidades, sobre todo su estética y que claro que añora poder ilusionarse con esas fechas, prepararse para ellas y dedicarles tiempo. Y Lipo, ahora que ya le queda poco tiempo de trabajar, quizás encuentre ese espacio necesario para construir como es debido estos días que acaban de celebrarse, mientras ello no ocurra, será eso, un simple espectador, o quizás un actor mohíno sobre el escenario sin un papel claro definido.