Historias de todos los días
27 Febrero 2026
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Y por allí viene Lipo. Se recorta su figura contra el horizonte.
Es fácil reconocerle por su forma de caminar con esa ligera cojera. Se marchó con ella pero ahora parece más pronunciada, ligeramente más pronunciada.
Su uniforme está desgastado y sucio, tiene costuras descosidas o simplemente desechas, pero trata de llevarlo con dignidad para transmitir cierta autoridad aún.
Avanza Lipo con su fusil sostenido con su mano izquierda al final de ese brazo. Va balanceándose su arma al ritmo de su extremidad al andar y esa ligera cojera que le hace describir un arco que recuerda el movimiento de un péndulo.
Se acerca Lipo y ahora veo su rostro. Está cruzado por arrugas y tiznado de qué, de grasa, de hollín, de humos negros de hogueras o de maquinarias que han ardido.
Ya volvió Lipo, oliendo a polvo y barro, con los ojos camuflados. Se le han empequeñecido y también oscurecido, al igual que sus pupilas, que se antojan secas y rígidas. Sólo saben mirar hacia adelante.
Ya está aquí Lipo, desconcertado, sin recordar de qué batalla viene, sin saber si está en primera línea o retaguardia, ni tampoco quienes son sus enemigos ni cuales sus objetivos, si ha de tomar colinas, cruzar puentes o cavar una trinchera. Lipo cansado, Lipo abatido, Lipo sobrevolado por drones, por misiles balísticos, subsónicos, tácticos, nucleares.
Lipo paralizado en medio del fragor y del estruendo absurdo, queriendo encontrar silencio, lo más coherente, piensa, en medio del caos que es cualquier conflicto.