Historias de todos los días
18 Abril 2010
Me he pasado el fin de semana mirando al cielo. No para verificar si dejaba de llover, sino para tratar de descifrar la virulencia del siguiente chaparrón. Chaparrón tras chaparrón, uno detrás de otro, ininterrumpidamente, con regularidad, ordenadamente, uno a continuación del anterior.
Como tengo la jodida manía de preocuparme de las cosas antes de que ocurran, he llegado a pensar en el derrumbe de mi casa hundida en la tierra empapada y embarrada. El terreno ya no puede asumir más agua y comienzan a emerger pequeñas lagunas.
El agua se ha colado en mis venas. Siempre me ha gustado ver llover. Quizás fuera por la rareza de este fenómeno meteorológico en el pasado. Pero ayer, mientras bajaba al crío a su partido de baloncesto, por vez primera sentí hastío de ver llover.
Pero además, el agua se cuela en mi casa. Este fin de semana he descubierto una nueva puerta por la que entra a mi hogar. Bajé al sótano hace unos días y lo encontré con una laguna de un centímetro de agua. Estaba inundado. Estuve hora y media sacando agua de allá abajo y tratando de encontrar el agujero de entrada. Me fije en la pared y en una mancha de humedad en una esquina.
Salí fuera para ver la misma pared por el exterior. Pude ver la piedra húmeda, y pensé que entre las piedras del muro se colaba el agua dentro. Pero yo mismo deduje que era difícil que por una simple filtración desde el exterior se pudieran colar dentro tantos cubos de agua, así que seguí pensando.
Esperé al siguiente chaparrón, paciente, en el sótano. Comenzó a llover y seguí esperando. Pronto oí el agua descender desde el tejado por la tubería de desagüe, y ahí estaba la explicación. La tubería por la que baja el agua desde el tejado hasta la el alcantarillado ha debido de romperse, y el agua filtra la pared. Un problemita más en la colección de problemas de agua que padezco.
Con esta situación, yo y mi hijo hemos tenido claro el fin de semana, cada vez que llueve bajamos al sótano cubo y fregona en mano para secar el suelo. Agua, agua. El agua se ha colado en mi vida y yo sólo quiero una casa seca contigo. Mi hijo me ha propuesto soluciones para el sótano: un spa, una piscifactoría, una piscina interior... Debo de aprender de su buen humor. Se acabó la sequía y aparecieron los defectos de esta maldita casa relacionados con el agua. ¡menudo coladero!