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  • : Las Razones del Diablo
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  • : Cosas que nos pasan todos los días. Cosas que creemos no son historia, pero lo son.
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1 enero 2016 5 01 /01 /enero /2016 17:38

 

 

 

 

Uno de enero. Lo primero que he hecho es levantarme de la cama. Más bien tarde, debían de ser las 10.30 o las 10.40.
--¿Mucha juerga y resaca de ayer?
--Nooo, no, no, para nada oiga, nada de nada. Las Nocheviejas para mí ya se han acabado hace años. Implican vestirte, más o menos digno, salir de casa cuando apetece empezar a estar en ella, relacionarte con gente que, normalmente son familiares o muy conocidos, cenar como cerdos, aparentar euforia y alegría, nerviosismo antes de las doce campanadas, aguantar a histéricos o histéricas haciendo el ganso, comerte las uvas mientras un grupo de personas se miran entre ellas mientras las engullen con los ojos muy abiertos, como de payasos de porcelana (mofletes rojos), y aguantar el estallido final. Besos abrazos, deseos de buena suerte, toqueteos y demás gilipolleces provenientes de mujeres que a lo mejor no quieres que te besen u hombres que no quieres que te abracen. Y todo porque ha pasado la manecilla larga del reloj, de un minuto a otro. Se descorcha el champán y continúa la felicidad, y más alcohol para los cuerpos (adolescentes vestidas de mujeres y mujeres vestidas de adolescentes), hombres uniformaditos, con sus camisitas con botones en los cuellos, papadas, barrigas abrochadas, zapatitos limpios y algún idiota que otro se pone un smoking. Y hoy en día, ahí no acaba la cosa.
--Ah, ¿no?
--Nooo, ni mucho menos. Todo el mundo agarra su smartphone y comienzan las fotos, ahora con este, ahora con aquellos, ahora te echo el brazo sobre tu hombro, ahora échamelo tú, ahora nos hacemos un selfie, ahora otro selfie, ahora, espera, pongo el palo del selfie y nos hacemos todos un selfie, y sonríe, no pares de sonreír, de abrir la boca, de mostrar tus dientes blancos, que para eso te has gastado una pasta en el dentista. Y aguantar a los más jóvenes, y no tanto, haciendo esas muecas de heavy metal cuando se hacen la foto. Todos con las bocas abiertas hasta enseñar la garganta, con la lengua fuera…….gilipollas. Y si te descuidas, tu foto, con los ojos inyectados de cansancio, forma parte de los millones de fotos de millones de gilipollas que tienen necesidad de mostrar sus memeces al mundo. Y luego a seguir comiendo y el típico ¿pero no te comes un polvorón? ¿Has probado este turrón? Cómete una hojaldrada, o este mazapán, es de la puta Alpurnía, casero, con lo que han costado. Y entonces calculas cuanto tiempo más habrás de estar para poder marcharte, y sales y hace frío y llevas la barriga llena, y tomas bocanada de ese aire gélido que se mezcla con las mayonesas,las salsas de los asados, los langostinos y los espárragos, y se te corta la digestión, y llega el ardor y deseas estar en casa para tomar una bocanada del aire de tu hogar y así, tratar de recobrar la normalidad.
Jajaja, lo pintas fatal, no me extraña que no celebres la Nochevieja.
Y quién dice que no la celebro. Claro que la celebro, pero es un acto íntimo entre yo y el nuevo año.
¿Un acto intimo? suena a pacto. ¿Deseos para el año nuevo?
Nooo, por favor, ¿pero realmente crees que algo cambia? ¿Crees que es posible proponerte cosas nuevas de un minuto para otro? Mal empiezas a cambiar si continuas comiendo como un cerdo, bebiendo y yéndote a la cama a las tantas con la cara pálida. ¿Qué es de esos buenos deseos a la tarde siguiente? Cuando te levantas con el cuerpo destrozado, el estómago estropeado y con ganas sólo de tomar infusiones. Es imposible comenzar con cualquier buen y nuevo deseo desde esa cloaca.
Entonces, ¿tu acto íntimo?
Mi acto íntimo es reafirmarme en mí mismo. Continuar siendo el ser que soy, hacer un pequeño análisis de la situación, analizar que me ha llevado a ella en ese último minuto del año y saber que empieza otro ciclo nuevo en el que seguiré siendo como soy, pero tratando de mejorar las cosas.
--Ah, entonces, ¿lo ves? alguna promesa de cambio hay.
--Nooo, te equivocas. Es un acto de reafirmación, un minuto de mirarte dentro y saber de lo qué vas a ser capaz el año próximo para mejorar cosas, o al menos de darte cuenta de lo que deberías de hacer para ello, otra cosa es que seas capaz de hacerlo o no, y eso lo sabemos todos. Por eso necesito esa calma y esa tranquilidad. Claro que me como las uvas, y este año han sido bien gordas, y a mi perra, que celebró la nochevieja conmigo, también le di doce golosinas diminutas, una por cada campanada. ¿Crees que estaba nerviosa? No. para ella sólo era una noche más y ni siquiera se preguntó que cojones pasaba para que su amo le premiara con aquello, se limitó a aprovechar la ocasión.
--Hace un día precioso.
--Sí, lo hace.
--¿Siempre paseas por aquí con tu perra?
--No, no siempre, digamos que este es el camino automático.
--¿Camino automático?
--Sí, el camino mínimo, la ruta de no pensar. Un camino blanco, rectilíneo, sin opciones. Una vía de ida y vuelta, tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta, en total seis, el mínimo ejercicio necesario para completar al cien por cien el ejercicio que he de hacer diariamente y que mide mi reloj.
--Ah, interesante.
--Bueno, no sé si lo es o no, pero a mi me deja tranquilo. Si no estuviera mi perra, quizás no me hubiera movido hoy de casa y hubiera dado opción a mi cuerpo a expandirse y luego me haría sentir mal, con lo cual me iría a la cama con cierto mal remordimiento, por eso digo que este animal es mi entrenador personal, o si prefieres mi personal trainer, perdón my personal trainer.
--Entonces, ¿has dormido bien?
--Bueno, cómo te decía, me acosté tarde. Me suelo acostar tarde, pero ayer, además, tenía el placer de no tener que madrugar al día siguiente. Pero creo que te he mentido antes. Lo primero que he hecho esta mañana ha sido levantarme, sí. Pero me he vuelto a acostar. Sólo me he levantado para abrir la puerta a la perra, pues estaba nerviosa y la oí juguetear con las piñas que uso para encender la chimenea.
--Ah
--Sí, he dormido bien. Te mostraré el gráfico de mi sueño de año nuevo. ¿Ves?

Cercano a las seis de la mañana tuve mi sueño más profundo. caí como un lirón, ¿lo ves? Bajo a abismos de sueño y subo súbito a otros ligeros. Lo que daría por poder saber a que mundos abisales desciendo y que hay allí abajo.

Me encanta salir los primeros de año por la mañana. El mundo tiene sueño y está cansado y lo tienes todo para ti. Sólo te cruzas con jóvenes ya gordos haciendo footing, supongo que fruto de esas promesas de año nuevo y con parejas mayores. Lo bueno, es que somos tan pocos que todos nos saludamos, y hay cierta complicidad en el saludo, como diciéndonos: tu también has sido listo y no has celebrado la nochevieja eh.
--Jaja ¿Te hiciste una cena especial?
--Claro. cené una tortilla de jamón con arroz indio y verduras, pequeñas tiras de salmón noruego ahumado y tomates de la Encija, rojos, pequeños, prietos, con lágrimas de mozarela de Luguerno. Todo ello regado con una copa de vino tinto del Pedrigal y pan inglés de semillas. Acabé con unos trozos de turrón de Jijona.
--No está nada mal.
--No, tal como te lo he contado, no, pero tendrías que haberlo visto dispuesto en mi bandeja portátil.
--¿Vuelves ya a casa?
--Sí, llegaré, me daré una ducha, prepararé un fuego, escribiré esto, y esperaré a mi hijo, que me ha anunciado que viene con su chica.
--Ah, buen plan.
--No lo sé, en lo más íntimo me gustaría seguir solo, pero supongo que como parte de esas cosas a mejorar, habré de optimizar este año lo de relacionarme más.
Bueno, en definitiva, has tenido una buena nochevieja.
Sí, la que he querido. Lo que ignoro es si es fruto de mis circunstancias y me limito a envidiar la felicidad de los demás.
--Adiós
--Adiós. Venga Dana, sube!, nos vamos.

Uno de enero de 2016

Uno de enero de 2016

Sueño del 31 al 1 de enero

Sueño del 31 al 1 de enero

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1 noviembre 2015 7 01 /11 /noviembre /2015 19:01
Un sueño extraño

Anoche tuve un sueño extraño.
Ya sabéis lo que ocurre con los sueños, que se olvidan.


Algunos sueños son tan reales que cuando sales de ellos tardas en darte cuenta de que estás fuera. Y si son oscuros y jodidos, uff, que alivio.
Hay sueños que escarban más hondo y se enraízan en tus miedos y tus angustias. Son sueños que sobreviven en tu cabeza aún después de despierta, consiguiendo llenar tu realidad de pesadumbre y miedo y se produce el shock de no saber como gestionar la realidad onírica en la que tú, sólo unos momentos antes eras otro, mientras te pones los calcetines recién levantado de la cama. Y siempre me hago la misma pregunta ¿soy en realidad ese otro?


Ignoro el origen de mi sueño, ese tan extraño. Todo arranca, en mi recuerdo, con un hombre muerto al que yo sabía que había matado.


Creo que es la primera vez, en mi recuerdo, que un muerto es el eje de mis sueños. Más extraño aún es que yo le hubiera dado muerte. Lo que era seguro es que aquel óbito había ocurrido por casualidad, quizás fruto de un empujón y una mala caída, como en las películas, pero el empujón, o lo que fuera, se lo había dado yo. También sentía, en mi sueño, que la muerte de aquel tipo tampoco me importaba, por lo tanto, algún problema gordo debía de tener con él. Digamos, que mi mayor preocupación con aquel muerto era resolver el problema de dónde llevarle, como hacerle desaparecer.


Todo esto ocurría en una especie de aparcamiento al aire libre, espacioso, rodeado de automóviles aparcados, al atardecer, quizás de noche. Al muerto lo acababa de subir a mi coche, en el maletero. Pero no penséis en un maletero independiente del habitáculo del vehículo y que queda cerrado bajando el capó, sino uno de esos con portón trasero, los típicos de una furgoneta y que puedes agrandar si abates los asiento traseros. Veo al hombre, al que no se como he sido capaz de subir ahí, acurrucado en posición fetal. Por lo tanto, no veo su rostro, sólo su cuerpo. Recuerdo que lleva pantalones claros y camisa blanca, y también un cinturón estrecho.
Mi coche está aparcado en uno de los laterales de ese aparcamiento y ese lateral que da a una calle. Yo estoy aparcado en batería y el culo de mi automóvil da a esa calle. Por ella pasa ahora un autobús. Ahora descubro que es de noche, pues la luminosidad que escapa por las ventanas del ese autobús, por encima de mi cabeza, me hace intuir su presencia. Ignoro cuanta gente va en ese transporte, pero por pocas que sean, su posición elevada les permite ver, a través de las ventanillas, a mi muerto. Menudo aprieto.
En ese momento, en el que no sé si cubrir con mi propio cuerpo al otro cuerpo para ocultarlo a los viajeros, aparece una mujer, bajita y fea, una cincuentona de expresión arisca, soberbia, consumida por la envidia innata con la que vive, consumida por la rabia, pues las cosas no le han salido bien. La conozco, sé quien es en mi vida real y es la última persona a la que me dirigiría para pedirle ayuda, pues, ignoro las verdaderas razones del porque, pero no me soporta y creo que no le importaría que yo fuera su muerto.
Pues bien, esta mujer, en mi sueño, aparece justo en ese preciso momento. Parece entender mi situación por los movimientos de sus ojos, y más o menos viene a decirme: “tranquilo, yo me llevo el coche y con él al muerto”, pero entre nosotros no median palabras.
Yo no acierto a tomar ninguna decisión, pero mi abstención sobre la opinión que me merece su ofrecimiento, la entiende como un asentimiento e intuyo que se dispone a subir a mi automóvil.
A pesar del muerto, de que haya aparecido ella y de que además tenga conocimiento de la situación, no logro saber qué hacer, estoy bloqueado. Sólo pienso que ella va a tener una buena información para extorsionarme y trato de acertar sobre lo que querrá a cambio de no revelar mi secreto. Me tomo todo aquello como un problema común. Mi percepción es similar a cuando te metes en un aprieto tu solito y cada vez es mayor el problema que vas creando, hasta que en un momento determinado se te ha escapado de las manos. Pienso que ya veré como lo resuelvo. Despierto, menos mal.









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24 febrero 2015 2 24 /02 /febrero /2015 00:13

Y allí estaba yo, con tres generaciones sentimentales a mi alrededor. No era consciente de ello hasta que alguien me lo hizo notar. La una tuve un hijo, con otra, la relación más larga de mi vida y mi amante, que a su vez tiene su pareja, que también estaba allí, y que sospecho que sospecha ¿Un lío? No, la vida. Un harén de sentimientos, del cual, el único preso es, en realidad, el moro, el árabe, el sultán. Bendito mundo árabe o islámico o cualquiera que sea la denominación religiosa de ese universo lejano que únicamente identifico con espadas cortas, estrechas en el mango y anchas en la punta y con medias lunas y con gorretes con borla y con caballos blancos engalanados.
Tres mujeres, tres vidas, tres pasiones. Tres formas de vivir, de pensar, de compartir, tan diferentes, todas unidas.
Sinvergüenza, descarado, joder que follón, ¡que tipo!, ¡será cabrón!, el colmo de la indecencia, que caradura.
Yo no sé que pensar de todas mis relaciones, apenas si tengo malos recuerdos. Así, sobre la marcha, diré que solo de dos. El resto son historias que ocurrieron en un punto exacto de una intersección del tiempo y del espacio y cada vez que nos movemos, y no paramos de hacerlo, ese momento cambia, y es diferente, y surge un nuevo universo que vislumbramos, oteamos, descubrimos y por el que vagamos, y de ahí a otro, y a otro, y a otro que ni siquiera conocemos. Tres féminas en un momento determinado. Tres mujeres que no se qué piensan realmente de mi. Sinvergüenza, ¡coño, que tipo!, dicen. Que caradura, y yo sólo creo que es pura inmadurez, y otras veces pienso que sólo es libertad, y otras egoísmo, y otras incapacidad para pararme y ver crecer los frutales, y los arbustos. Proyectos, eso es lo que me hace disfrutar, los proyectos. Inquieto en la vida, inquieto en los sentimientos, aunque la edad va volviendo la inquietud en pereza y convirtiéndola en sólo un sueño. O será que el tiempo se acaba y que ya no hay espacio para proyectos.
No entiendo porque la gente se aleja, porque cuando algo acaba, van más allá y hacen desaparecer todo rastro de afecto, de cariño. ¿Tan cruel es el amor que aniquila a los sentimientos menores cuando muere? El puto amor, esa mágica palabra inventada, la más grande de todas, reina absoluta, mirando por encima del hombro a otros afectos, a veces mucho más lentos y construidos durante mucho más tiempo.
Una marcial, tacones, oyes sus pisadas, definitivas. Enérgica, como un tren expreso, como un toro de Miura que ha visto el trapo rojo. Con los años, por eso de que nadie cambia sino que se especializa, ha ido ganando en formalidad, y ha colgado de su cara una sonrisa, una expresión falsa de dulzura a la que ha añadido un tono afectado y vehemente. Otra despistada, al menos en apariencia, fría, como la tierra de la que procede, practica, “no me cuentes historias”, al grano. Dulce, paciente, reflexiva, que interioriza, que se traga amarguras y desilusiones, que quiere ser feliz por encima de todo. Otra silenciosa, ojos pequeños y chisposos, que alarga su boca al sonreír hasta límites insospechados hundiendo sus comisuras en los carrillos que han de convertirse en oblicuos para poder albergar la risa, capaz de mantenerse quieta aun sintiendo ganas de hacer movimientos, aunque su mirada la delata, pues son sus ojos los que se mueven, se posan, te rodean o dan la vuelta a marcos y molduras para ver lo que ocultas en habitaciones recónditas. Y más cosas, pasional, liberal, la mujer fille. Fuerza de voluntad asombrosa, y también paciente, con tantas ganas de querer, y de sentirse querida que a veces asfixia. Pero, ¿quién puede dar la espalda a eso del querer?

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4 noviembre 2014 2 04 /11 /noviembre /2014 00:34

2014-0990.jpgMe dicen que vuelva a la buhardilla. Es lejano todo aquello, pero quizás sea mejor que vuelva allí y me deje de tanto pesimismo y frustración. Está bien, inicio el camino hacia ella, pero me tomaré las licencias de hacer lo que me venga en gana en lo que se refiere a temas como el tiempo que me lleve llegar  o dejarla temporalmente para darme una vuelta por la vida actual. 

Tal es el caso de hoy, que he quedado a comer con un viejo conocido y con el que he estado más tiempo del que preveía, tanto que han acabado multándome y he tenido que pagar para anular la multa. 

Mi viejo amigo me dice que el es muy raro, y después de veinte años le afirmo: sí, a medida que se te va conociendo se va dando uno cuenta de lo raro que eres. Me sonríe. Mi amigo parece feliz. Verás, no es que tenga ciclos -me dice-, lo que pasa que soy inquieto, me gusta lo que hago y me embalo, eso me lleva a un subidón, yo mismo me empujo a mi mismo y cuando estoy arriba -sigue diciendo-, me pregunto que para qué tanto. Mi amigo es mayor, ignoro su edad, pero es mayor, quizás sobrepase los sesenta y dos, pero en un oficio como el nuestro, significa cuarenta años muy vividos y más pendientes de los demás y de lo que ocurre a tu alrededor que de ti mismo, lo cual, desgasta mucho físicamente, pero deja unos ojos listos y una alegría y vitalidad inigualables.  Mi amigo, tiene cáncer, o lo ha tenido. Va a revisiones anuales, pero no sabe si vivirá en 2016, Irá a la próxima en enero de 2015, y en esa visita le preguntara al médico: A ver, por lo que ves, ¿vivo todo este año? si la respuesta es afirmativa, tiene un año de tranquilidad. 

Mi amigo está planificando como disfrutar de los últimos años de su vida, y se pregunta sobre el concepto disfrutar. Trabaja mucho, pero además me dice que tiene problemas para desarrollar el término con su pareja. Me dice que para él disfrutar es viajar, pero que a su mujer no le gustan los aviones y odia viajar. Tenéis un problema de desarrollo de planes -le digo-. Asiente. Pero luego está el trabajo. Mi amigo, como yo, como todos los que nos dedicamos a esto, vivimos al día. Ha echado cuentas y sí, puede irse dos años y vaguear y viajar, pero habría de volver después de esos dos años y teme que cuando lo haga ya no quede nada. Es otro de los problemas de nuestra profesión, los logros son efímeros, la memoria es escasa y sólo viven del recuerdo o de la fama, los caraduras y sinvergüenzas, pero estos son comunes en todos los oficios. 

Mi amigo, como yo, tiene un problema de delfines, es decir, de sucesores. Trabaja con un equipo de personas, yo conozco bien a una de ellas, de la que mejor habla, lo cual me reafirma en mis elecciones. A lo que iba, no se trata solo de trabajar -me dice-, se trata del alma. Quien le sonríe soy yo ahora. Sí, te entiendo -le digo-, se trata de que alguien sea capaz de prolongar el espíritu, alguien que te observe, que decida que puedes ser su modelo, que te copie, te escuche, tome nota de como actúas y, adecuándolo a su forma de ser, decida mantener tu actitud en el entorno profesional. Sí -me apunta mi amigo-, tengo un chico y le podría mandar a los viajes, pero no se trata de que se entere de lo que le digan o no, se trata de que tengo dudas de que sepa representarme a mí y a lo que represento delante de terceros. Sí -le respondo-saber cuando decir qué, cuando no decir nada, cuando aprovechar momentos, detectar la oportunidad de hablar, escuchar, darse cuenta de quien tiene enfrente,que quiere ese alguien y qué espera, meter todo eso en el túrmix de la cabeza y hacer, ser. 

Mi amigo tiene una nieta con la que juega. Dice que la ve poco, supongo que todos los abuelos dicen lo mismo.  Me describe los esfuerzos que tiene que hacer para conseguir interactuar con ella, se tumba en el suelo, la sube a los columpios, me dice que le agota llevarla al Retiro, tiene dos años y medio, y claro, como los cachorrillos, ven una mariposa y se van detrás de ella, aunque revolotee al borde de un precipicio. 

Mi amigo y yo podríamos seguir hablando de todo esto, la típica conversación de pre jubilados, pero el oficio nos lleva a hablar de planes, cómo si tuviéramos treinta años y aun pensáramos que tenemos toda la vida adulta por delante. Es lo bueno de esta profesión, lo he comentado antes, el sentirse joven y con capacidad para poner en marcha cualquier proyecto. Le cuento los míos, me escucha atento. Levanto su interés, sus ganas, me da consejos, los escucho, se insinúa que igual podríamos colaborar juntos, me alegra oírlo. 

Miro el reloj, casi las cinco, llevamos casi tres horas. Me ha animado. Nos levantamos de la mesa y salimos al húmedo mediodía. El coge un taxi, le abro la puerta y nos emplazamos a vernos pronto de nuevo. Allí estamos, como dos hombres mayores por fuera, con el corazón hirviendo por dentro, es un privilegio. 

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15 septiembre 2014 1 15 /09 /septiembre /2014 23:43

Anoche estalló una tormenta tremenda a eso de las dos y media o tres de la madrugada --me dice Lipomedes. Yo escucho con atención.  

 

Fue una tormenta alucinante, --me dice--, los árboles habíanse vuelto locos. chillaban histéricos por las ráfagas de aire, y las gotas caían sin concierto, locas también, ….pero una tormenta de cojones, sigue diciendo.  

 

Seguimos comiendo, pero es otro almuerzo, me gusta comer con él, ignoro la razón, pues siempre me cuenta los mismos rollos con ligeras variaciones. Hoy le molestan las moscas.  

 

--Joder, me cago en diez, ¡coooojoones!, dice mientras trata de aplastar una. Serán cabronas, sigue diciendo, son pequeñas, deben de ser las últimas de este jodido verano, recién nacidas, pertinaces, ¿para que cojones servirán las moscas? Joder, estoy hasta el culo de este jodido verano, pero, ¿a quién le puede gustar esto? 

 

Sonrío, siempre protesta, por casi todo o por muchas cosas.  

 

Bueno, ¿y qué al tu madre? 

 

Me mira, me sonríe, hasta el culo de hospital. Es acojonante la comunidad hospitalaria. Llevo doce días metido allí, como un puto sargento mayor al mando de un pasillo de habitaciones cuartelarias. Todas las puertas están abiertas, así que es fácil encontrarte con los rostros apagados, aburridos, tristes de los pacientes. Me los conozco a todos, verifico como evolucionan, los que han sido de alta, los nuevos ingresos, conozco a sus familiares, los he visto comer, dormir, rascarse la nariz, a algunos les he visto desnudos, sus espaldas, sus culos pálidos, sus quejidos, gemidos, suspiros. Ya reconozco también a los visitantes, su grado de relación con los hombres y mujeres grises, distingo las visitas de cortesía, las interesadas, las verdaderas, angustiadas, acallando la conciencia y me pregunto que hago allí. Vuelan los fantasmas que tengo con mi madre por el pasillo. Huelo mis manos, se ha impregnado en ellas el olor del hospital, de la falta de intimidad, de dodotis sucios, de cremas hidratantes, colonias, medicinas, sueros, bolsas de sangre, comidas en bandejas, yogures, paladares, dentaduras postizas y hastío.  

 

Piensa que algún día puedes encontrarte en esa misma situación, le digo.  

 

Piensa en ello.  

 

Deseo realmente que no, espero que mi paso por un hospital sea efímero, es más --dice--, espero que ni ocurra, cagar en público, semidesnudo, a merced de enfermeras y enfermeros, lozanas ellas y homosexuales, ellos, siempre hablando con esos diminutivos: camita, almohadita, toallita, vueltecita, un poquito de fuerza, paseíto, guapita, guapito... esas bromitas de niños, esos comentarios que eluden la realidad, ese dar esquinazo a esa decrepitud que se vive allí. Jajajajaja, se ríe ahora Lipomedes, Joder, me paso, debes de hartarte conmigo.  

 

Le sonrío, --No, le digo--.  ¿En qué piensas?, le pregunto.  

En la tormenta, me responde, estoy pensando si fue real o no. es lo malo de vivir los hechos a solas, que acabas no sabiendo si fueron reales o no.  

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14 septiembre 2014 7 14 /09 /septiembre /2014 23:43

Sigo compartiendo mesa con Lipomedes. Le gusta fumar después de la cena. Casi siempre comparto el postre con él, supongo que así se justifica él mismo consigo mismo y queda su conciencia tranquila con su compromiso de no comer dulces. Lipomedes está con una eterna dieta tratando de quitarse cuatro o cinco kilos que le sobran desde que le conozco, pero le resulta una tarea casi imposible, pues su cuerpo ya ha descendido ese escalón que resulta imposible de volver a subir. Pero quizás no se trata de nada de eso, y para él compartir el postre sea un rito, un signo, una señal, un mensaje oculto, un pacto. Nunca se lo que significa, pero me encanta hacerlo.  

 

--Bueno, ¿y qué tal está tu madre?, le pregunto.  

 

Miro a quien comparte la mesa conmigo. Me acaba de preguntar que cómo está mi madre. Me vienen un montón de ideas a la cabeza y no sé como responder de manera ordenada, con una lógica en el discurso, con cierta coherencia y linealidad.   

 

Tengo a mi madre en la planta sexta de un gran centro hospitalario, con nada grave, con una rotura de cadera, encamada, pequeña, asustada. Así la veo y la miro a veces, y otras veces la creo despiadada, manipuladora, puede que también diabólica.  

 

¿Sabes? digo. Mi madre no tiene que ver nada con su madre.  

 

Recuerdo a mi abuela, siempre despeinada y de edad avanzada. Me resulta imposible no recordar a mi abuela con muchos años, y también fue joven, y compartí años con ella, pero yo siempre la veo con su pelo gris enmarañado, sus dedos deformados de piel suave. Mi abuela, consciente de su edad y jugando siempre a ser útil.  

 

Sosteniendo dos platos, uno en cada mano, mi comida. Siempre sosa, pues ella no podía cocinar con sal. siempre sonriéndome, y yo a ella. Recuerdo que más tarde, cuando se puso enferma definitivamente, yo hacía la comida. Pienso en mi relación con ella y pienso que era magnífica. En realidad,  creo que ha sido la mejor relación que he tenido con una mujer.  

 

No sé porque a la persona que come conmigo le gusta tanto escuchar estas historias que, por otra parte, son siempre las mismas. Podría narrar algunas otras, pero siempre vuelvo a estas, como si fueran las historias primarias, las que explican todas las demás, las que he de repasar una y otra vez o las que no quiero olvidar, Me haré viejo recordando la vejez de mi abuela y cuanto más lo recuerdo más joven me siento.  

 

Jodido otoño, que no llegas, me engañas, no se como te las apañas,  

me das nubes por las mañanas, algunas brisas y con tus con tus colores rojos de la tarde me enmarañas,  

jodido otoño, perezoso, vago, desde el lecho miras de reojo, bostezas y te das la vuelta. 

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16 mayo 2013 4 16 /05 /mayo /2013 22:44

mayo 0089Supongo que lo importante es hablar, hablar y hablar y lo inusual es el silencio. Lo inusual es el silencio de escuchar. El dato ha irrumpido con tal virulencia que parece haberse vuelto loco, y de paso nos enloquece a nosotros. El dato, la estadísitica, los pronósticos, previsiones, estimaciones se han zampado a la placidez de lo inesperado. El dato, los datos que varían constantemente lo cambían todo. Tanto conocimiento en tiempo real va coartando nuestras acciones y decisiones. El conocimiento en tiempo real de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, de todo los que les ocurre a los que tenemos a nuestro alrededor se nos come la voluntad y el deseo, las ilusiones, la impaciencia, la imaginación, lo sueños. Cambiamos, invertimos nuestra marcha, giramos o torcemos a derecha o izquierda como una puta cotización de bolsa según nos enteramos de nuevos datos. La metodología se ha comido al cierto caos creativo. Divagar es de ilusos y es mejor pensar, es decir divagar pero con un objetivo, lo cual es imposible.  Los datos, los jodidos datos han hecho desaparecer la incertidumbre, y la única que nos invade es la de no tener datos. Nos sobran datos y nos faltan esperas.  Las suposiciones ya no se llevan, todo ha de ser cierto. Nacen ideas inmaduras que ni siquiera son ideas, son sólo impulsos y ocurrencias. Los datos borran nuestra memoría, los recuerdos. No sabemos como traerlos a nuestro ahora, y son lejanos, casí perdidos tras la curvatura de la Tierra. Almacenamos tantos datos que ni siquiera sabemos cómo guardarlos, se mezclan los importantes con los insulsos, lo relevante se convierte en insignificante y esa forma de vivir se contagía a nuestros sentimientos. Como bobos sólo nos asombra la novedad, que aunque sea efímera se convierte en objeto de deseo que queremos prolongar y usar, pero carece de matería suficiente para desarrollarse. En fín, un desahogo. Perdón, buenas noches. 

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12 mayo 2013 7 12 /05 /mayo /2013 00:00

Sólo he de decir, o puedo decir, que se me ha quedado la mente en blanco. he estado limpiando la Tierra, mi trozo de Tierra, y ha conseguido extraer de mi cabeza todo tipo de historias insignificantes, al menos durante toda la tarde. Quizás me lleve un tiempo llenarla de nuevo de ideas, pero de momento, me vale cómo está. He regado mis plantas, las he mimado, acariciado, observado con curiosidad, y ellas también han conseguido atraer mi atención de manera extraordinaria. En definitiva, que estoy seco, o mejor, limpio. Pero no quería dejar de decirte algo, de pensarte y dedicarte tan particular estado. Buenas noches. 

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7 mayo 2013 2 07 /05 /mayo /2013 22:28

DSCN2297Pues sí, he estado unos días en París, con un grupo de personas para quienes, en su mayoría, se trataba de un viaje iniciático. Y allí estaba yo, con mis manias, con mis extrañas formas de ser, tan diversas y tan complicadas, o eso dicen. Pero no, lo digo yo también. A modo de resumen, un grupo de ocho personas se acercan bulliciosas a una plazita de la ciudad del amor (y realmente lo es), en la que hay un pequeñito parque.

DSCN2628.JPGDentro de ese parque hay una pared, la de una casa, que tiene un mural de losetas, fondo azul, en el que está escrito, en mutitud de lenguas, te amo.  En la plaza lee encogida una francesa anciana, delgadita, de piel blanca con un tocado en la cabeza, cabello de plata, ojos claros que relucen aún con la mirada baja. La miro, ella no me ve. El parque es realmente ridículo, de dimensiones propias de una casa de muñecas, absurdamente vallado,  pues con levantar una pierna puedes salvar el pequeño muro, pero aún así, y a pesar de ocupar un rincón de la plaza, entras en él y te envuelve el silencio. Miro el mural, lo miro despacio, no leo, sólo pienso. Detrás aparece el grupo. No han visto a la anciana, se lanzan contra el muro y unos y otros señalan con el dedo la frase (te amo) en diversas lenguas. Buscan el español, excitados y nerviosos, gritan, quien lo encuentra primero quiere ser también el primero en decirlo a los demas. Miran más, vuelven a señalar,empiezan las fotos, las risas, las gracias. Me alejo, les observo sin saber si soy idiota por no compartir aquella alegria huérfana de pudor o bien un tipo con excesiva sensibilidad. 

DSCN2282.JPGLa gente consume, la gente te consume. Tira de ti para reconocerse, tira de ti para mirarse, para justificarse, proyectarse, esconderse, autorizarse, autoexplicarse, animarse, limpiar su conciencia, entretenerse, engañarse, para darte envidia, machacarte, para practicar la hipocresía, para practicar sus falsas y baratas filosofías, para que veas su capacidad de amar, para tantas cosas. Pero tu, que res inteligente, y hablo de ti y no de mí, te basta una simple, tranquila y casi distraida mirada. para radiografiar al mediocre. no dejes de deleitarte con esa pincelada del maestro, te basta con el rabillo de tu ojo para vislumbrar su silueta aparente.

DSCN2361No malgaste tu tiempo. Mira otras cosas, retírate, busca el silencio, siempre hay detalles imprevistos, absurdos, pero a veces tiernos y maravillosos. 

DSCN2551.JPGSiempre hay otros puntos de vista. Desconfía de la gente que te escucha con la boca abierta, casí babeando, con los ojos abiertos como platos, ojos grandes y muertos, secos e inexpresivos. Y si se te ponen enfrente y quieren machacarte, saca tu móvil y simula una llamada, odia esas risotadas primigenías, risas que rien absurdos, risas fáciles, casí eructos animales. 

DSCN2648.JPGTu eres grande, o quieres serlo, sumergete y descansa, apartate del ruido, de los hombres con hambre constante, que engullen, cagan, duermen, fornican y aún así se creen capaces de ver más allá.

DSCN2202-copia-1.JPGPero no pueden, son hombres de cuello corto y tú, tu eres capaz de volar. Buenas noches. 

 

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Published by Fausto Lipomedes - en Cosas de todos los días
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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 00:15

000311260.pngNo sé que escribir. Bueno, miento. Sí lo sé, pero estoy cansado. Ha sido un día de estos que una cosa se enlaza con la siguiente y tienes que llegar a todo. Mensajes que se malinterpretan, que se leen relativamente. No hay nada como mirar los ojos o, como mínimo la cara. Me he reecontrado con personas de hace seis años y, como me han dicho: recuerdo cosas cuando les veo, la mayoría buenas. Yo no siento nada, sigo sintiendo lo mismo que sentía hace años. Bueno, tampoco hay que exagerar. Siempre hay personas que te alegra ver, como por ejemplo una de las camareras del hotel. Yo fui cerillero durante un año, pero esa es otra historia que ya contaré otro día, y he entendido perfectamente a esa mujer que también se acuerda de mí, y con la que he compartido diecicocho años de relación que hoy se ha matarializado en un reconocimiento mútuo. Sin embargo, a muchos colegas de mi entorno profesional, no los entiendo, ni nunca los entenderé. Un beso 

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